Eslovenia en moto: escapada de la ruidosa Europa

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Eslovenia en moto. Un país detenido en el tiempo en el que existía otra Europa a la actual. Ciudades de ensueño y carreteras para perderse entre los Alpes y el mar Adriático. Un país barato, de postal, en el que la BMW R 1200 GS Adventure se portó de maravilla. ¡Ah! Y por cierto, en Eslovenia, las motos no están mal vistas. Aquí te cuento todo.

Por Raúl Gutiérrez

Moto: BMW R 1200 GS Adventure 2018

Arrancaba desde España tomando un ferry en el puerto de Barcelona dirección Génova con la intención de rodar por los Alpes y seguir luego a la aventura. No fui el único que planeó ahorrarse los peajes y la gasolina necesarios para cruzar Francia e invertirlos en un embarque para la moto y para mí… Más de treinta motos me acompañaban en el trayecto. No desaproveches el tiempo que pases en el ferry si eliges esta opción porque si hablas con otros motoristas viajeros, fáciles de reconocer por otra parte, puedes sacar mucha información para el viaje. Avanzar kilómetros mientras duermes es la otra gran ventaja de elegir este medio de transporte.

Italia de enlace: en busca de La Marmolada

Una vez en Italia y tras salir del barco igual que un pájaro al que le abren la jaula, me dirigí al norte, concretamente al lago de Garda. Aquí las previsiones meteorológicas decidieron por mí. En dirección norte y con el Stelvio como objetivo daba agua en cantidad. La solución fue poner Belluno como destino con la intención de rodar al día siguiente por los Dolomitas. ¡Bendita decisión!

Tras poner en la app de hoteles el filtro económico (30 euros) seleccioné una habitación en una pequeña pedanía de Belluno: Col del Vin, 109. Un lugar espectacular en las faldas de los Alpes.

La propietaria, una mujer encantadora, me dijo que era nieta del primer escalador que hizo cima en el pico más alto de Dolomitas, la famosa Marmolada. Mapa en mano, diseñamos una ruta para el día siguiente mientras saboreábamos un delicioso capuccino. Esta espectacular ruta que me llevó por el Lago de Cadore y Cortina da Ampezzo terminó en territorio Esloveno. Mi nuevo objetivo.

Eslovenia aún esconde la vieja Europa

Nada más cruzar la frontera me aseguré de circular por carretera nacional y no autopista. Por estas últimas es obligatorio el pago de una viñeta. Al final, terminé por comprarla por otras razones que contare más adelante…

La impresión durante los primeros kilómetros es que alguien había barrido hasta las carreteras y lucido las cunetas. Es como si el paisaje hubiese sido pintado y diseñado en un estudio. Los campos de cultivo están tan ordenados y bellos que todo parece un gigantesco jardín. Una variadísima gama de cultivos se pueden ver en todos los valles que las carreteras cruzan entre los últimos coletazos de los Alpes en esa zona sureste. Sí, son los conocidos como Alpes Julianos.

La primera parada obligatoria entrando al país por esa parte es el lago de Bled. Dicen que la fotografía más vista en Instagram sobre paisajes europeos es la capilla situada en la pequeña isla del lago. Una vez más, la moto es un vehículo preferente junto con la bicicleta y cuenta con un pequeño aparcamiento junto a la zona del embarcadero que lleva a la isla. Las aguas esmeraldas del lago le dan un encanto muy especial al paisaje.

Aquí ya podemos empezar a saborear el alimento del que más vamos a gozar, el helado artesano. El helado y la pizza están tan presentes en los bares y restaurantes de Eslovenia que alguna vez te parecerá no haber salido de Italia. La cocina típica del país hay que buscarla con ahínco y merece la pena hacerlo porque es rica y sana. Comer en restaurante es más barato que en nuestro país. Nunca había consumido tanta fruta y es que el calor y los puestos colocados en las carreteras junto a las granjas, más la gran calidad del producto me lo pusieron fácil. La fruta de Eslovenia esta riquísima. Albaricoques, sandias, melones, nectarinas, cualquier cosa te va a sorprender. Cierto es que si los menús de los restaurantes pueden ser más baratos que en España, la fruta ecológica no lo es, pero aún así su relación calidad-precio es muy buena.

La vida rural prima en Eslovenia

El país tiene en la agricultura uno de sus pilares a nivel económico. Según datos de internet, Eslovenia es el país de Europa con más tractores de media por habitante. Los tractores circulan por las carreteras sin ningún complejo y como abundan debes de tener cuidado. Cierto es que el paisaje no invita a correr y su belleza restará puntos de atención.

Los eslovenos a nivel de parque motorístico están como nosotros hace 20 años. No porque sus motos sean viejas, si no porque las deportivas abundan entre los usuarios. Casi todas ellas con unas colas de escape de la marca del escorpión que recordemos tiene su fábrica en el país, que por cierto, está ubicada en el medio del campo en un pequeño pueblo.

No verás un solo bloque de pisos hasta la llegada a la capital, Liubliana, pero a pesar de ser la ciudad más grande del país tiene mucho encanto y está muy limpia. Su centro, marcado por el transcurso del río, está lleno de puentes de gran belleza. Es conocida como la ciudad del amor según la traducción de su nombre y también de los dragones como el resto del país. En ella se respira mucha armonía. En sus bares una cerveza muy rica, más helado y muchos tipos de tartas y dulces. Quizás de ahí les viene su buen carácter…

Sobre el idioma, decir que tienen más problema para entenderse entre ellos que con los propios turistas. En el país se habla una cantidad de dialectos del esloveno difíciles de enumerar a la vez que casi todo el mundo habla inglés e italiano de forma fluida. Otra cuestión que facilita la estancia.

Cruzar el país para desembarcar en el Adriático

De Liubliana pondría destino a Maribor cruzando el país del centro al este. Maribor me recordó en cierta manera a Oporto pero en este caso sin mar. La ciudad es cruzada por un rio bastante caudaloso y cuanta con muchas bodegas en sus orillas. Presumen de tener la bodega más antigua de Europa realizada con fines vitivinícolas. El vino no lo probé por culpa del calor y no puedo opinar.

Maribor es sin duda la mejor ciudad para disfrutar de la gastronomía eslovena, pero no penséis que dejareis de ver pizza y dulce por doquier. Tiene una estación de esquí donde se practican actividades de verano como descensos en bici o en unos artilugios que bajan por una vía a toda velocidad.

Aquí también encontré habitaciones de alquiler en casas familiares que en la app se presentan con las iniciales B&B. Están geniales y son económicas.

Tras hacer noche en Maribor me pongo rumbo oeste para visitar la localidad de Postojina, donde están las famosas cuevas que son el atractivo turístico más visitado del país. Visita obligatoria más si es verano porque la temperatura dentro es muy fresca.

A pocos kilómetros de Postojina se encuentra el castillo de Predjama, construido en una grieta montañosa. La historia de cómo su dueño murió en el tras un asedio es digna de un programa de Carlos Herrera. Una vez más la moto nos permitirá llegar hasta casi las puertas.

La costa eslovena, para no perdérsela

El país cuenta apenas con 40 kilómetros de costa, pero son de una gran belleza, así que puse rumbo al oeste para disfrutar de la diminuta península donde se encuentra Pirán, la pequeña Venecia eslovena.

Aquí si que me aconsejaron sacar la viñeta de la autopista a la que me negaba al principio y que me costó siete euros para siete días. La diferencia en tiempo si no tomaba los túneles no me permitía llegar a tiempo a otro B&B, esta vez en Portonoz.

La entrada al centro de Pirán está restringida con unas barreras para la circulación de vehículos, pero no para las motos, a las que ni tan siquiera se les requiere su parada en la garita de control. Una vez más, hasta la cocina.

Cenar en el centro tras ver ocultarse el sol en el Adriático es otro de esos momentos más que recomendables. Los ricos pescados de Pirán aliñados con trufa, aceites de oliva y sus famosas sales obtenidas con métodos milenarios es otra cuestión de obligado cumplimiento. No tengáis miedo por el precio, insisto, Eslovenia es barato aún en su parte más cara.

Pirán me sedujo tanto que me produjo un parón de dos días en los que disfrute de su gastronomía temática, de su playa y cómo no… De sus helados. Con las pilas cargadas y un amanecer de ensueño dejaba atrás un país limpio, seguro y alegre, partía hacia la costa croata, pero eso es ya otra historia.

‘Cuando una luz te guía todo es más fácil y te sientes más valiente. Te debo la luz de este viaje’.