Maxi-trail en Marruecos: El paso de Tizi N´test

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Marruecos en moto es uno de los viajes más destacados de los últimos 20 años. ¿Quién no ha recorrido sus dunas, sus puertos de montaña del Atlas o las playas desérticas? Es un destino ‘must’ para todo rider que se aprecie. Pero cuidado, la aventura africana puede salirte por un ojo de la cara si no sigues algunos consejos.

El avión aborda la pista de aterrizaje de Marrakech entre un mar de casas de barro. Otra época, otro ritmo de vida a tan solo dos horas de Europa. Es noviembre pero hace calor. El sol aprieta los últimos rayos de la tarde. A la salida del aeropuerto espera Younes, un joven marroquí, surfero, que intenta hacerse hueco en el mundo de la aventura. “Me habían comentado que hablabas muy bien español, pero no tan bien”, le digo. Él se ríe. Es muy típico que los chavales marroquíes hablen francés, español, árabe, pero también otras lenguas como alemán o italiano. ‘He tenido muchas novias extranjeras’, responde.

Marrakech: el inicio de la aventura maxi-trail

Younes sube el equipaje a la pick-up y nos lleva hasta un bonito hotel de las afueras de la medina de Marrakech. ‘Mañana por la mañana comenzaréis con las motos, si queréis, podemos recorrer el casco antiguo’. Dicho y hecho, la ciudad imperial nos espera y a tan solo cinco minutos a pie nos adentramos en los ruidos, olores y sabores de Marruecos. La plaza de Yamaa el Fna es el centro cultural de la ciudad. Una enorme explanada donde se reúne el turismo con la idiosincrasia musulmana. Siempre está abarrotada.

Los mercaderes llevan impregnado en el ojo el símbolo del dólar y no te dejarán en paz. Pero, ¿qué merece la pena? Suele ser lo mismo de todas las visitas: ¡Perderse! Puedes pedir un increíble zumo de naranja en los puestos del mercadillo o ‘probar suerte’ con algún pescado de los puestos centrales. Pero, piérdete, que no te encuentren por las mezquitas, por el zoco…

A la noche, llegan las motos. De una de las nuevas KTM, desciende Samir. Él es el jefe de la expedición que nos llevará de Marrakech a Agadir cruzando la cordillera del Atlas. Samir es un tipo servicial, que se ha empapado de cultura occidental y es capaz de mostrar la grandeza perdida de su país. La noche transcurre con una cena y unas cervezas en el hotel, con una noche en la que las estrellas alumbran más que las escasas luces del callejero. Tras largas conversaciones sobre motos y sobre la vida, unos espirituosos en la discoteca del hotel, cargada de hielos y musas.

Tierra seca, polvo a 3.000 metros

La mañana comienza fría. Las motos, las KTM 1190 y 1090 con neumáticos mixtos esperan a ser pilotadas. La salida de Marrakech contiene tráfico, algo normal hasta que el asfalto roto y las explotaciones agrícolas llegan. Sammir deja pasar varias gasolineras hasta que da con una que le conviene… Bueno, a las motos. ‘Hay que saber qué gasolineras tienen buen combustible. Esta marca es la mejor. Hay muchos motores que se rompen por esto, al igual que en el Dakar’.

Tras la gasolina, iniciamos rumbo con las maxi-trail por las montañas del Atlas. Nunca imaginé carreteras tan ‘buenas’ para hacer trail. Serpientes interminables con unas vistas y unos pueblos de hace 500 años o puede que más… De repente, en lo alto de un cerro, encontramos un edificio antiguo, deslumbrante. Preguntamos a los niños de la escuela por dónde se llega.

Es ni más ni menos que la mezquita de Tinmel, del año 1153. Un templo sagrado almohade en la aldea de Talat N’ yaaqoub. En su lecho, vive un hombre mayor, a duras penas. Le hace compañía su burro. Sin embargo, tiene un gran poder: Dios le ha encomendado el cuidado de su templo. ¿Cuánto poder tiene un sin poder que escribió Havel? Desde la cima, se contempla todo el valle, un oasis verde rodeado de tierra seca. ‘Seguiremos nuestro camino por el valle’, indica Samir, ‘pronto llegará la alta montaña y hay que cruzar antes de la tarde’.

Tizi N´test, ¿la mejor carretera de Marruecos?

Toca comer. En plena subida al Atlas, encontramos una parada de comidas. Comienza a notarse el frío y las casas no están preparadas para el invierno, pero como siempre, el hambre agudiza el ingenio. Entramos en una morada que comienza a estar inhabitable fuera de los meses de estío y Samir pide la comida. El tomate está buenísimo y el segundo plato, una tortilla, mejor. ‘Todos los alimentos son suministrados por los propietarios de la casa. Aquí no hay mercado ni distribuidores’, nos hace saber el bueno de Samir. La comida rápida y ligera hace que perdamos el sentido de dónde estamos. Justo delante de una de las cimas transitables del Atlas, el famoso Tizi N´test, una carretera que asciende hasta los 2.100 metros. No se ve, pero desde el pico, uno puede imaginarse la soledad y la grandeza del Atlas.

El descenso es interminable. Una vía estrecha llena de trampas con pasos en la que los camiones tienen que hacer maniobras extremas. El valle del Sus es interminable. Parece un scalextric que una fuerza superior ha plantado en mitad de la montaña, pero no. Estos pasos unen el centro con el oeste de Marruecos, una ruta comercial muy importante para el envío de mercancía desde el mar. A los pies se encuentra Tarudant, la ‘abuela de Marrakech’. Es una villa que se parece mucho a la ‘ciudad rosa’ pero más modosa. Cruzamos con las KTM la muralla y seguimos la ruta, Agadir tan solo está a 85 kilómetros. Por ello, el calor vuelve a hacer acto de presencia y se nota la influencia del Mediterráneo.

Agadir, playas infinitas para trailear

El atardecer envuelve la polvareda de las KTM con la brisa mediterránea. Los caminos entre olivares nos llevan a las playas vírgenes. Es invierno, tan solo unos cuantos surfistas esperan su ola perfecta. Pero nosotros no necesitamos olas, sino arena. Las KTM con cubiertas mixtas se desenvuelven a la perfección a pesar de su peso. ¡Es una pasada! La libertad de recorrer los kilómetros de arena hacen que uno no pueda olvidar esa sensación, ese día. No obstante, Agadir no es un ‘desierto’. Es una de las ciudades más turísticas del país, del turismo de sol y playa y, además, cuenta con un gran puerto pesquero.

¿Cómo viajar a Marruecos en moto?

El invierno deja paso a experiencias como esta. Marruecos en moto es una sensación única y no hace falta ser experto para vivirlo. Moto Touring Maroc es una empresa especializada en viajes en moto; tanto de maxi-trail, como de enduro. Diles dónde quieres ir y ellos te asesorarán de la mejor manera. También tienen paquetes preparados para que pienses lo menos posible.

Además, ahora es muy sencillo viajar a Marruecos. Existen conexiones low-cost con ciudades como Marrakech, Agadir o Fez. Una vez aterrizado y pasado el control aduanero, deja que Samir y su equipo te muestren lo mejor de su país. Y recuerda, no hace falta equipo, ni moto, ni GPS. Tan solo las ganas de aventura.