De la calle Harinas salen las mejores pringás de Sevilla. Así es desde que la familia Romero abriera en 1939 la Bodeguita Romero. Una tapa típica que sale de la necesidad de no comer la carne del cocido andaluz ‘a secas’ y que en la Bodeguita tienen el secreto mejor guardado de la ciudad del Guadalquivir.

La pringá de la Bodeguita Romero no es ningún secreto si vives en Sevilla, claro. Pero cuando buscas dónde comer en la capital de Andalucía, es porque quieres mezclarte con el ambiente sevillano, con sus tapas, con los platos típicos y sentirte un verdadero ‘señorito’.

La familia Romero instauró en 1939 su bodega aunque no fue hasta los años ’70 cuando la trasladó al barrio del Arenal. Concretamente, en la calle Harinas 10, justo a la espalda de la plaza de toros de la Maestranza. En este sentido, es una calle muy transitada por turistas y sevillanos y no es fácil encontrar la barra rectangular con algún hueco para hincar el codo. Pero, si lo consigues, la vida es ‘pa ti’.

De la Sevilla cañí a la ‘gurmé’

Existe un hueco en un recodo de la calle Harinas donde se sumerge el culto a la gastronomía. Pinturas y fotografía antigua del Faraón de Camas, Curro Romero, o modernas de Morante de La Puebla dan a entender que a la familia Romero le gusta lo fino, la arrogancia del arte y las ‘espantás’ cuando no se da lo que se tiene que dar. De esta forma, el local es agradable, de caminar a pequeños pasos y no perder ninguna referencia.

En cuanto a los platos, destaca la pringá, aunque todo está para comérselo. Jamón del de verdad, carrillera que se deshace en hilos al masticar, salmonetes sin grasa, cola de toro. Para decir la verdad, habría que repetir varios días para degustar las obras que nacen de la cocina, de la tradición sevillana.

¿La mejor pringá de Sevilla?

Pasar por Harinas y no meterse una pringá entre pecho y espalda es un delito. Además, puedes aparcar la moto en la misma calle o en alguna calle adyacente sin ningún problema. La pringá de Romero es fina, con un mollete suave y crujiente, que no hace pesado su bocado. Y el interior es de aúpa: carne de cocido deshilachada que empapa la miga del mollete y que viene al plato muy caliente, lo que hace que la carne del cocido y el pan se abandonen a los sentidos.

La pringá es un plato sencillo, que surge de la necesidad. De aprovechar la carne del cocido, de pringar el tocino, la carne, la morcilla para mojarse lo morros. Sin embargo, lo complicado es hacer de ese montadito una obra de gusto y placer para los sentidos. Por cierto, la cerveza no es Cruzcampo, sino Estrella Galicia. No obstante, en Sevilla no tiran la caña como en Madrid, sino que la dejan caer. Ya lo sabes, si pasas por Sevilla, abandónate a la pringá de Romero…